En ocasiones, cuando una noticia sobre un ensayo clínico o una nueva terapia llega a los titulares, puede dar la impresión de que el avance ha surgido de forma repentina. Sin embargo, detrás de cada tratamiento experimental existen años —y en muchos casos décadas— de investigación básica, trabajo de laboratorio, descubrimientos genéticos y esfuerzos científicos que rara vez reciben la misma atención mediática.
Una reciente publicación en redes sociales de la investigadora Neena Haider nos recuerda precisamente esa realidad. Al comentar nuevos resultados relacionados con OCU410ST, una terapia génica en desarrollo por parte de Ocugen para la enfermedad de Stargardt, Haider señalaba que el gen RORA es una de sus invenciones científicas y destacaba el largo recorrido investigador que ha permitido llegar hasta este punto.
Desde Retina Murcia creemos que esta historia merece ser contada porque representa uno de los mejores ejemplos de cómo la ciencia avanza: paso a paso, acumulando conocimiento durante años hasta que ese conocimiento acaba convirtiéndose en una posible opción terapéutica para los pacientes.
Décadas de investigación antes del ensayo clínico
Mucho antes de que existieran los ensayos clínicos de Ocugen, mucho antes incluso de que se hablara de terapias génicas modificadoras, investigadores como Neena Haider dedicaban sus esfuerzos a comprender los mecanismos genéticos que regulan el funcionamiento de la retina.
Entre los genes estudiados por su grupo destacan NR2E3 y posteriormente RORA, dos reguladores genéticos con un papel fundamental en la función y supervivencia de los fotorreceptores. A diferencia de las terapias génicas convencionales, diseñadas para corregir una mutación concreta, la investigación desarrollada alrededor de estos genes buscó identificar mecanismos biológicos capaces de influir sobre múltiples rutas celulares implicadas en la degeneración retiniana.
Qué son las terapias génicas modificadoras
Este enfoque dio origen a un concepto que hoy resulta familiar para muchas personas que siguen la investigación en enfermedades hereditarias de la retina: las denominadas terapias génicas modificadoras o "modifier gene therapies".
La idea es sencilla de explicar, aunque extremadamente compleja de desarrollar. En lugar de actuar únicamente sobre un gen defectuoso específico, estas terapias intentan modular redes biológicas más amplias que intervienen en la supervivencia celular, el metabolismo, la inflamación, la respuesta al estrés oxidativo y otros procesos esenciales para la salud de la retina.
De NR2E3 a OCU400
El camino comenzó hace más de dos décadas. La propia Haider ha explicado en distintas ocasiones que participó en la secuenciación de NR2E3 durante la época del Proyecto Genoma Humano. Posteriormente identificó mutaciones en pacientes, desarrolló modelos experimentales, estudió la biología de estos genes y lideró los trabajos preclínicos necesarios para transformar aquellas observaciones iniciales en posibles tratamientos.
Lo que inicialmente era investigación básica terminó convirtiéndose en una plataforma terapéutica.
Años después surgió OCU400, la terapia génica modificadora de Ocugen basada en NR2E3 para determinadas formas de retinosis pigmentaria y amaurosis congénita de Leber. Actualmente este tratamiento se encuentra en desarrollo clínico avanzado y constituye uno de los programas más seguidos dentro del ámbito de las distrofias hereditarias de retina.
RORA y la enfermedad de Stargardt
Más recientemente, la investigación sobre RORA ha dado lugar a OCU410ST, una terapia dirigida a la enfermedad de Stargardt. Según explicó Haider en su publicación reciente, RORA regula miles de redes genéticas relacionadas no solo con la función retiniana, sino también con procesos como el metabolismo lipídico, el estrés oxidativo, la angiogénesis, la inflamación y la neuroprotección. Esa amplitud biológica es precisamente la que ha despertado el interés de los investigadores por su potencial terapéutico.
La importancia de la investigación básica
Para Retina Murcia, esta historia encierra una lección importante.
Con frecuencia hablamos de resultados clínicos, fases de ensayos, autorizaciones regulatorias o futuras aprobaciones. Todo ello es fundamental. Sin embargo, esos avances representan únicamente la parte visible de un proceso que comenzó muchos años antes, cuando investigadores intentaban responder preguntas básicas sobre cómo funciona la retina y por qué las células fotorreceptoras degeneran.
La investigación básica suele desarrollarse lejos de los focos mediáticos. Sus resultados pueden tardar años en mostrar una aplicación práctica. A veces incluso décadas. Pero sin ella no existirían los ensayos clínicos que hoy generan esperanza para miles de personas afectadas por retinosis pigmentaria, síndrome de Usher, enfermedad de Stargardt y otras distrofias hereditarias de retina.
Por eso, desde Retina Murcia consideramos esencial seguir informando no solo sobre los tratamientos que llegan a las fases clínicas, sino también sobre los científicos, laboratorios y descubrimientos que hacen posible ese recorrido.
Una historia de perseverancia científica
Cuando vemos hoy un ensayo clínico de Ocugen basado en NR2E3 o un programa terapéutico desarrollado a partir de RORA, estamos contemplando el resultado de más de veinte años de investigación acumulada. Décadas de trabajo que comenzaron con preguntas fundamentales sobre genética y biología retinal y que, poco a poco, han terminado convirtiéndose en posibles herramientas terapéuticas para los pacientes.
La historia de NR2E3, RORA y el trabajo de Neena Haider nos recuerda que la innovación médica rara vez nace de un único descubrimiento. Es el resultado de muchos años de esfuerzo colectivo, financiación científica, investigación básica y perseverancia. Y también nos recuerda por qué es tan importante seguir apoyando la ciencia que hoy se desarrolla en los laboratorios, porque los tratamientos del futuro suelen comenzar mucho antes de que alguien imagine que algún día llegarán a un ensayo clínico.
Fuente original
Para quienes deseen consultar la publicación original de la investigadora Neena Haider, compartimos el enlace:
Área de investigación científica: Rodrigo Lanzón.
